Eran las 10:45 de la noche y caminábamos por la rambla de Piriápolis, yo estaba encantada por la brisa que venía de la playa y por la cantidad de personas en la calle, la noche en verdad se sentía viva.

En un semáforo nos encontramos a unos colombianos bailando con sus atuendos típicos y me quedé encantada viéndolos con una mezcla de orgullo y tristeza, era 29 de diciembre y se acercaba el fin de año, todos deberíamos estar con nuestras familias, pensé, pero ellos se veían tan felices tocando y bailando, que todos los espectadores les llenaron el tambor de billetes.

La gente caminaba eufórica en las calles, comprando en los locales abarrotados de sombreros, vestidos playeros y chucherías, sin preguntar el precio. “En el verano es así, todo cuesta el doble y la gente no se molesta por pagarlo, además es diciembre y siempre hay motivos para celebrar” me dijeron.

Espera un momento, hoy es 29, día de ñoquis, ¡Vamos a buscar un restaurante! Yo no tenía ni idea de lo que estaban hablando pero les seguí la corriente, más por el hambre que por curiosidad.

“Mirá, los 29 de cada mes, en casa preparamos ñoquis como una tradición, y en los restaurantes ese es el plato del día, los ordenas y cuando llegan, colocas un billete debajo del plato y eso te traerá buena suerte”.

Desde ese día me enamoré de los ñoquis, sobre todo los caseros, esos que no tienen una forma perfecta, y por ende atrapan más el sabor de la salsa que los baña. Y es que cuando hablamos de comida italiana, en seguida pensamos en pizza o pasta, y los ñoquis están allá al final del menú, siendo tan tradicionales y fáciles de hacer. Son unas pelotitas hechas con papa, harina, huevos y sal, que normalmente se sirven con salsas rojas, de queso y mantequilla o al pesto. En Argentina, Uruguay y Paraguay es muy común comerlos con una salsa llamada “Tuco” que es un sofrito de cebolla, tomate, perejil y algunas veces carne, como una boloñesa.

Su fama de traer buena suerte al comerlos el 29 de cada mes y poner dinero debajo del plato se remonta a la región del Véneto al norte de Italia cuando San Pantaleón, médico joven y mártir, peregrinaba en toda esa zona haciendo curaciones y milagros. Según cuenta la leyenda le pidió a una familia de pobres campesinos un poco de comida, y ellos en su humildad le sirvieron todo lo que tenían: un plato de ñoquis. San Pantaleón como muestra de agradecimiento les pronosticó un año próspero y de buenas cosechas, y cuando se fue, la familia encontró monedas de oro debajo del plato vacío.

Existe otra versión, más humana y realista, en la que dicen que el día 29, al ser uno de los últimos días del mes, las personas de pocos recursos no tenían más dinero para comer y preparaban ñoquis por ser hechos con materia prima barata.

Que cualquiera de las dos versiones sea una excusa para preparar y degustar cada mes en casa esta delicia italiana, y por qué no, tener un mes exitoso. Buen provecho.