El tedio de escribir sobre la misma bobalicada, enmermelada y corrupta
Confesión pública: Ya no quiero escribir más susurros sobre este gobierno. Lo digo sin rodeos, sin metáforas ni adornos. Estoy harto; hastiado; abrumado; exhausto; y lo peor: aburrido. Porque escribir sobre el gobierno de Petro se ha vuelto tan predecible como un capítulo repetido de una telenovela barata que, para colmo, ya nadie quiere ver, pero que igual nos obligan a tragar en cadena nacional.
¿Qué se supone que uno diga nuevo sobre un presidente que parece tener una aplicación instalada para lanzar incoherencias cada 6 horas? ¿Sobre ministros que entran al gabinete con boleta de captura firmada de antemano? ¿Sobre un tipo que se hace llamar “Pastor Sade”, porque aparentemente la política nacional no solo tiene que ser decadente, sino también burda y extravagante?
Uno intenta ponerse creativo, buscar ángulos distintos, metáforas brillantes, ironías finas… pero no. La realidad se impone como una aplanadora de surrealismo político. ¿Cómo compite uno con la cápsula que está diseñando el gobierno para quedarse en el poder y defender a sus íntimos caídos en desgracia, mientras la gente en las regiones no tiene ni cápsulas de acetaminofén? ¿Cómo se le gana en sátira a un gobierno que parece escrito por un mal guionista de Netflix con guayabo, después de una Petra (pea con traba)?
Y entonces toca hablar —otra vez— de corrupción. De cómo los recursos de la salud se esfuman como si tuvieran alas. De cómo la justicia se convierte en un juego de escondidas entre el Fiscal y la tía del Ministro. De cómo todos tienen el discurso revolucionario en la boca y el contrato corrupto debajo del poncho.
Pero, ¡qué pereza! A uno ya le da flojera hasta indignarse. La rabia está desgastada. La ironía perdió filo. Y el cinismo, francamente, ya no da risa.
Porque esto no es una columna. Es una fotocopia. Cada semana. Cada mes. Cambian los nombres, pero el desastre sigue siendo el mismo, como si Petro y compañía hubieran hecho un pacto con el aburrimiento para que gobernar mal fuera también monótono.
Yo quería escribir de otras cosas. Del amor. Del clima. De un buen libro. De la sopa de tortillas (por fin algo rico en este escrito), si se quiere. Pero aquí estamos, atrapados en esta tragicomedia que ya no tiene gracia. Como si Kafka se hubiera reencarnado en Twitter y estuviera de asesor en Palacio.
Así que, por favor, háganlo por nosotros, los columnistas: o gobiernan bien, o al menos hagan el caos un poquito más interesante. Que el infierno sea original, carajo.
Ñapa: Lo de los pasaportes hiede. Se notó la corrupción desde Leyva, pasando por Murillo y la Sarabia. Lo peor: terminará muy mal.


