Ante la emergencia del coronavirus en el mundo especialmente en Colombia, contemplamos en los medios de comunicación noticias desalentadoras, preocupantes y en ocasiones aterradoras. Aunque se decretó tarde la cuarentena como medida de protección por parte del Presidente de la Republica a partir del martes 24 de marzo a las 11:59 pm hasta el día lunes 13 de abril a las cero horas, ya se había programado simulacro de toque de queda por parte de gobernadores y alcalde tres días antes, el pueblo colombiano hace caso omiso a todas las recomendaciones dadas y la propagación del virus sigue evolucionando cada día de manera más rápida, llegando hoy 26 de Marzo a 491 casos confirmados, 6 muertes y 8 personas recuperadas del virus.

Ante esto se podría decir que la esperanza en el ser humano o en la humanidad perdiera su esencia, su sentido, su fuerza. Pero ¿Qué impulsa a los seres humanos a actuar de esta manera? Leonardo Boff en su libro Los derechos del corazón expresa que “debemos desarrollar una nueva lectura de la realidad total (mente) y una nueva sensibilidad (corazón), así como un sentido y responsabilidad universal por el destino común, de la Tierra y de la Humanidad” pensando en la mente como la visión o forma de ver la vida, la tierra, la existencia humana, la cual necesita un despertar urgente del corazón para que empiece a sentir y a solidarizarse con el hermano, a ser más tolerante y sensato en las decisiones que toma, porque aquel que sale a la calle sin importarle el riesgo que vive no solo afecta su integridad sino la de las personas más vulnerable como son los niños y ancianos. Necesitamos seres humanos que amen su vida, que amen la vida de los demás, que ame la tierra, los ecosistemas y a todos los seres vivos. En pocas palabras para Leonardo Boff necesitamos de nuestros corazones para pensar y sentir nuestras acciones, para crear caminos de búsqueda. Es decir, los derechos del corazón del corazón deben ser proclamados para nuestra supervivencia, cuidar y proteger la vida, reconociendo su fragilidad y debilidades.

El pueblo colombiano no puede seguir pensando desde su egoísmo e individualidad estamos es un espacio donde todos somos vitales y necesitamos del otro “conocemos mejor cuando amamos” cuando cuidamos y sentimos nuestro actuar. Si unimos nuestra forma de pensar y nuestra forma de actuar o los procesos cognitivos y los procesos vitales como lo menciona Humberto Maturana podremos desarrollar una lectura de la realidad diferente. Maturana reflexiona que las emociones transforman la convivencia, las emociones configuran nuestras acciones. Se podría reflexionar entonces, que las emociones que vive el pueblo colombiano son de miedo, de impotencia, prepotencia intolerancia y que ellas han conducido nuestro actuar. La ignorancia también ha liderado nuestro comportamiento, ha llevado que muchos no crean y no reconozca el virus como una pandemia, exponiendo la vida de muchos. Pero ¿Qué valor tiene la vida en estos momentos?

Donde la injusticia, la violencia y la desigualdad atropellan los derechos del pueblo colombiano. Para muchos les cuesta estar en casa compartiendo con sus familias, sin poder salir, recibiendo su pago igual porque cumple con el “teletrabajo” (incluso algunos maestros recibieron su pago seis días antes de lo normal) pero ¿los que viven del día a día? de las ventas informales, como sobreviven ante esta realidad, sino tienen un techo propio para pasar la cuarentena. Es importante reconocer que no todos vivimos la misma realidad, pero si aportamos a la realidad del otro, porque tenemos una responsabilidad social que cumplir, y la logramos cuando evitamos que nuestras acciones perjudiquen a nuestros hermanos.

El Papa Francisco también manifiesta que “en este momento más que despedir, hay que acoger, hacer sentir que somos una sociedad solidaria, son los grandes gestos los que necesitamos ahora” enfatizando la necesidad de reconocer la problemática en la que todos estamos metidos. Aflorando además un “submundo de humanidad” que acerca a la gente, a los que antes no hacían parte nuestra sociedad porque eran invisibles antes nuestros ojos.

Es momento de vincularnos con los que tenemos en casa, en trabajar juntos por los quehaceres, dialogar, comunicarnos en la mesa, orar juntos por nuestra humanidad, por los que sufren a causa de este nuevo virus que quita a diario la vida de muchos. Por ultimo Leonardo Boff menciona “lo que se opone a la religión no es el ateísmo o la negación de la divinidad, sino la incapacidad de vincularse y re- vincularse con todas las cosas” nuestros abuelos solían mencionarnos que lo más importante es asistir a la eucaristía los domingos, practicar los mandamientos, y un sin fin de ritos religiosos a los que participamos, pero poco se preocupaban por la experiencia religiosa personal y la relación de esta con la realidad. Hoy que los templos esta cerrados el mundo parece que perdiera su relación con Dios, su esperanza, su amor por Dios. Hoy necesitamos vincularnos con Dios, con nosotros mismo, con nuestros hermanos, porque es la única forma de recuperar nuestra esperanza, nuestra fe y amor por la humanidad. Que nuestros actos estén llenos de amor, de sensibilidad y fraternidad, que ante esta realidad aprendamos a reconocerla, asumirla y afrontarla desde nuestras acciones sujetas a nuestro sentir.