No conozco un lugar donde seamos más manipulables que un supermercado.

¿Cuántas veces hemos llegado a casa con productos que no necesitamos, o que no nos dan un beneficio real a nuestro cuerpo? En mi caso, muchas.

Se nos olvida que los supermercados están ahí con el simple propósito de vender, y todo está planeado, desde la música y las luces, hasta la ubicación de los productos, para que compremos tanto como nos sea posible.

Si estamos intentando mantener una alimentación sana, debemos tener en cuenta estas tres cosas al momento de ir a mercar:

1- Los productos básicos de nuestra canasta familiar como la leche, huevos, harina y aceite se encuentran siempre al fondo del supermercado, con el propósito de que tengas que caminar por los pasillos y mostrarte durante el recorrido aquellos productos no tan necesarios pero atractivos visualmente. Normalmente se encuentran en la parte central del lugar y en su mayoría son alimentos muy procesados, cereales altos en azúcar, gaseosas y snacks de paquete.

2- No hay nada de malo en querer ahorrar tiempo en las preparaciones de nuestras comidas, pero debemos estar consientes que al eliminar los alimentos frescos de nuestra dieta estamos más expuestos a llenarnos de calorías y de excesos. Entonces nuestro carrito se llena de pastas instantáneas bajas en nutrientes, de alimentos sugar free pero altos en grasas y sodio, y de refrescos llenos de calorías vacías.

3- La comida real, entera, no procesada, se encuentra en la periferia. Las frutas, verduras, carnes, quesos y pescados, como son alimentos de alta rotación, normalmente se encuentran en la periferia, porque tienen que reponerlos y revisarlos varias veces al día.

Alejémonos del los pasillos del centro, compremos más productos frescos, evitemos los alimentos instantáneos y dediquémosle tiempo a preparar nuestras comidas. No se trata de restringirnos, sino de comprar inteligentemente sin caer en excesos ni sabotear nuestros planes nutricionales.