El lema que se ha masificado en las últimas semanas es «_quédate en casa_’ o “_yo me quedo en casa_” como una manera de protección y prevención frente al virus COVID-19. Dos expresiones genéricas que estandarizan a la población y que como _slogans_ de campañas publicitarias son bonitas y llamativas, pero al comprender la realidad de nuestra sociedad, estas frases terminan siendo verdaderas invitaciones a experiencias peligrosas, nada agradables, ni seguras para muchas personas. Paradójicamente se ha suscitado otro virus, más agresivo y mortal en una gran parte de la población. A este no tan nuevo virus lo llamaré el _Covid-House_.

El covid-house aparece silenciosamente, pero se instaura en muchos lugares, generando temor, miedo, zozobra y dolor; también tiene corona, por lo menos eso creen quienes portan este virus, porque se creen dueños de un poder monárquico- tiránico que los hace dueños del mundo, se creen con el derecho divino de violentar, lastimar, segregar y agredir a los más débiles.  Las personas que sufren las consecuencias no son portadores del virus, pero padecen sus efectos. Algunas características de esta epidemia de _covid-house_ son:

– Abuso y agresiones a niños y niñas por parte de los adultos con quienes conviven.
– Abuelos que viven el abandono y el maltrato de sus hijos y nietos.
–  Personas (mujeres- hombres) que padecen la agresión por parte de sus parejas.
–  El desempleo por falta de garantía laborales y de políticas justas con los más débiles
–  Hambre y pobreza por no tener como satisfacer a través del rebusque las necesidades
más básicas.
– Una de las expresiones dolorosas de este _covid-house_ es la de aquellos donde la calle es su casa.

El COVID-19 ha develado el _covid-house_, ha hecho salir a luz una realidad de la que nos hemos hechos los de la vista gorda.  Esta coyuntura ha demostrado las falacias de un mundo inhumano y de una sociedad doble moral, que ha querido dar soluciones inmediatistas a problemas complejos, existenciales y sociales. Quedarse en casa para muchos no es solo un confinamiento preventivo, sino un riesgoso ejercicio de supervivencia frente a la injusticia social, política y económica, que se materializa al interior de ellas.

El abuso y la violencia intrafamiliar no pueden reducirse a un chiste expresado en los diferentes memes. La pobreza de las que son víctimas una gran cantidad de personas debe dejar de ser el instrumento de proselitismo político. El emprendimiento debe dejar de ser el modelo laboral y de riqueza que solo ha servido para bajar los índices de desempleo. El rebusque no puede seguir siendo ese eufemismo que servía para justificar el poco reconocimiento estatal el empuje de los colombianos.

Hay un llamado de urgencia no solo a frenar el coronavirus, sino también el _covid-house_ para poder erradicar todo tipo de violencia e injusticia y que se pueda superar esa dramática realidad de saber que el peligro es estar en casa.