La agresividad se apoderó del país. Día tras día nos volvemos más pugnaces.

El lenguaje cotidiano es hostil. Los padres usan un lenguaje agresivo con los hijos y los hijos con los padres.

Los esposos y esposas usan un lenguaje pugnaz entre ellos en presencia de los hijos y de terceros.

Los patrones se soslayan usando palabras de acometividad con sus empleados.

Los alumnos irrespetan a sus maestros con belicosidad extrema y ellos a los estudiantes.

Los ciudadanos tratan a las autoridades con tono y palabras pendencieras. La policía agrede de palabra y acción, innecesariamente en sus procedimientos a la gente.

Los políticos sólo usan palabras de guerra en sus discusiones. Su objetivo parece ser el de incrementar la hostilidad interna.

La prensa cada vez es más belicosa. Los articulistas compiten en quien puede exacerbar más a sus lectores.

Los conductores de automotores parecen desayunados con alacranes en su forma actuar y en el lenguaje que usan.

Por donde pasamos vemos letreros belicosos . Vivimos como en una trifulca permanente. Todo nos incita a la violencia.

Los chats de amigos son un nido de ofensas agresivas, producto de la polarización política.

Se han deteriorado seriamente estructuras familiares y grandes amistades como consecuencia de esta agresividad verbal que se apoderó de nuestra sociedad.

Nos quejamos de la violencia y simultáneamente nuestras palabras y gestos invitan a la belicosidad.

Si queremos una mejor Colombia y una relativa paz, debemos cada uno de los ciudadanos comprometernos a mermar nuestra agresividad de cualquier tipo.

Si los niños solo oyen frases de este tenor: » te mato»; «te pego un tiro»; » te mando a pelar» y similares ¿ cómo vamos a pedirles que no sean violentos?

Ñapa: ¿ puede haber cosa más paradójica que la Nación más consumidora de cocaína, certifique al País más productor de ese alucinógeno?