Preguntando a sociólogos el porqué de la inmensa agresividad que se palpa en el mundo y por supuesto, en Colombia, me dieron una razonable explicación: porque hoy el ciudadano tiene todo en su mano (el celular) y, al mismo tiempo, no tiene nada.

Lo único que le ha dado el celular, es el poder decir irresponsablemente lo que le de la gana. Descargar sus frustraciones e iras, en un mensaje; por eso, las redes sociales son una cloaca.

Además, conociendo lo que está detrás de Google, Facebook y similares, es un negocio que aprovecha la información de los usuarios, para encasillarlos por sus gustos y pasiones, incluyendo las políticas, para venderles mercancías, entre ellas las ideológicas, se puede fácilmente descubrir que, también estos medios están incrementando la pugnacidad en la sociedad.

El futuro del mundo está en unas muy pocas manos que tienen la capacidad de manipular la humanidad, por medio de la llamada inteligencia virtual. Esto, que parecía ciencia ficción, es una innegable realidad.

Está comprobado que la irracional polarización de USA ha sido incentivada por estos medios, al lograr juntar todos los que piensan similar y convencerlos que todos piensan y odian como ellos. Los encansillaron por medio de la inteligencia artificial y solo reciben mensajes conforme con su pensamiento.

Ya hay muchos libros sobre este tema e, inclusive, documentales que deberían ser de obligatoria observación, por todos los ciudadanos, como el de Netflix llamado «El dilema de las redes sociales» y otros.

Lo cierto es que esta ira colectiva nada bueno está generando. Se acabó la tolerancia con las ideas ajenas; quien no piense como uno es automáticamente descalificado y se vuelve enemigo.

El respeto por la opinión diferente desapareció. Quienes somos opinadores públicos, a diario vemos y padecemos ese desenfreno de agresividad; muchas veces por no leer bien. En estos días, por algún susurro, fui testigo de un hecho divertidamente insólito: Unos me acusaron de frenético facho Uribista y otros de narco mamerto anti Uribista. Me quedé sin saber quién leyó mal, para saber, al fin, qué es lo que soy.

Llama mucho la atención que las más agresivas sean las mujeres quienes, por lo general, eran más ponderadas.

Estos odios incentivados por la virtualidad y la pandemia, nada bueno traerán. Bien dice el refrán popular «Quien siembra truenos cosechará tempestades» y eso es lo que, desafortunadamente, también están haciendo algunos dirigentes políticos.

Ñapa: Como todos los octubres y noviembres, comienzan las mingas y los paros. A tener paciencia se dijo; ya sabemos que irán hasta diciembre. Ni la pandemia nos libró este año de ese recurrente pintoresco vicio social.

Ñapita: Se nos fue Wilson Araque, amigo, Señor, periodista apasionado por su profesión; siempre pendiente de la información. Nos duele su partida; tuve el privilegio de ser su amigo y de gozar de su existencia. Abrazo solidario para todos los suyos.