Perder la amistad del gobernante por decirle la verdad, pareciera un absurdo, pero, lamentablemente es lo habitual.

Por esta razón los gobernantes solo se juntan con los chupaculativos y aduladores; ellos saben que sus lambonerías les traen beneficios económicos y de poder.

Muy pocos gobernantes reciben las observaciones contrarias a sus decisiones de buena forma y las aceptan como constructivas; optan por graduar de enemigos a quienes osan manifestar sus comentarios en desacuerdo de decisiones o iniciativas gubernamentales.

Por eso terminan aislados en medio de su corte de áulicos, cuyo mayor valor es el de conocer y explotar la vanidad y la egolatría que se apodera de las autoridades.

Sabiendo que el comentario, a título de consejo, que le voy a hacer al Señor alcalde de Cali, me va a causar que me califiquen como su enemigo, tengo la obligación de hacerlo, porque creo que es lo conveniente a la ciudad y al gobierno municipal.

Mi absoluta independencia, alejada de cualquier ambición política o económica, me permiten, sin temor a retaliación alguna, decir a «calzón quitado» lo que pienso.

Admiro al alcalde Ospina porque tiene rumbo e ideología clara; eso merece mi respeto, aunque muchas veces no coincidan con las mías. Políticos consecuentes, con su formación ideológica, son muy escasos en este país donde desaparecieron hace años las causas doctrinarias.

Al grano, como dice la penicilina: alcalde Ospina, no se gaste 11 mil millones de pesos en la feria virtual. Eso es un despropósito que se verá como un despilfarro y es altamente sospechoso de corrupción. Gaste eso en un programa social, en beneficio de los más marginados; mire lo que hizo el alcalde de Barranquilla, que aplazó la fecha del Carnaval.

Consulte con sus amigos independientes y verá que todos coinciden conmigo; pregúntele, por ejemplo, a Monseñor Monsalve y él le dirá en qué puede invertir mejor ese dinero, en favor de los más pobres.

Ñapa: Duele el alma seguir viendo las masacres en todo el territorio nacional; no podemos callar esa verdad, hacerlo nos convierte en cómplices.

Ñapita: Se empieza a mejorar el aire del Concejo de Cali, con la nulidad de la credencial de Millón Castrillón; disminuye el olor a azufre en ese recinto.