Pertenezco a la generación, en vía de extinción, que recibió, desde niños, un sentimiento de orgullo y amor por la Patria.

Izábamos bandera, recitamos con emoción: «Patria te adoro en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo; por ti he llorado y padecido, tanto como lengua mortal decir no pudo».

Cantábamos el himno nacional orgullosos, no solo en los partidos de fútbol, y nos emocionamos al gritar : ¡Viva mi Patria, Colombia!

Nos erizamos, aún, al escuchar el himno nacional en eventos conmemorativos de nuestra historia. Sabemos que, a pesar de todo, hemos venido superando nuestros problemas y no somos producto de un solo gobierno.

Nosotros nacimos en medio de una violencia fratricida entre partidos políticos; vivimos la violencia guerrillera; padecimos la violencia paramilitar y, ahora, la violencia del llamado post conflicto.

Hemos visto pasar el País rural y convertirnos en una Nación urbana. Somos testigos de los mejoramientos en infraestructura y salud; la cobertura, casi total, en educación y, gracias a eso, la exigencia cada vez mayor por una sociedad más equilibrada.

Hoy, día de la Patria, nos duele estar cada vez más divididos por caudillismos polarizantes que creen que se están inventando una Nación, cuando ésta es producto de 5 centenares de años de esfuerzos de un pueblo trabajador, que con equivocaciones y aciertos, tenemos un merecido reconocimiento internacional.

Lamentamos que, en momentos críticos como el actual, no tengamos un liderazgo para la unión, sino para la polarización.

Nuestros líderes actuales viven clavados en el pasado, en lo que hicieron o dejaron de hacer. Cazando peleas y aupando pasiones; con propósitos políticos y no de comunión social. Buscando poder para saciar sus ambiciones y bolsillos, no la conciliación nacional.

Con todo y eso, me siento orgulloso de ser Colombiano; de su gente, mayoría trabajadora y honesta. De nuestra pluricultural Nación y de nuestra historia combatiente de calamidades.

No me apena gritar emocionado: ¡Viva Colombia!