En Cali no solo se baila, se come… y vaya que se come bien. Porque si la salsa enciende las caderas, la cocina del Pacífico prende otras cosas que no se pueden decir en voz alta en la misa del domingo. Aquí la gastronomía no es un simple “vamos a almorzar”: Es un ritual afrodisíaco, un juego previo con cuchara y cucharón, donde cada plato es un guiño indecente servido en cazuela.
Arranquemos con el encocado de camarón: Camarones bañados en leche de coco, cubiertos de una salsa espesa y brillante, pegándose al arroz como dos cuerpos sudados después de bailar currulao hasta las tres de la mañana. No es comida, es una caricia caliente con sabor a mar. Y si te atreves a acompañarlo con chontaduro, mejor dile adiós a la timidez: Esa fruta roja no es fruta, es munición erótica. Los del litoral lo saben: “Comer chontaduro es como firmar contrato de larga duración en el catre”.
Pero el verdadero examen de resistencia viene con la piangua. Pequeñas conchas negras, tímidas por fuera, pero con una reputación que haría sonrojar a cualquier susurrero. ¿Mito o realidad? Pues dicen que quien come piangua no pide postre, se lo come directamente en la pieza. Y no falta el que asegura que con cuatro pianguas bien comidas, hay que amarrar la cama para que no se mueva sola.
¿Y para beber? Nada de vinos aburridos: Aquí manda el jugo de borojó preparado con viche, licor artesanal que parece inofensivo, pero que corre por las venas con la misma velocidad que una frase atrevida a medianoche. El preparado de borojó no se toma, se deja entrar. Es dulce, caliente y ancestral, preparado para soltar la lengua… y otras cosas. Con un par de vasos, el mundo se ve bonito y la prójima… deliciosa.
No te olvides del tapao de pescado, el arroz con coco, la cazuela de mariscos y hasta un buen aborrajado con queso para cerrar. Cada plato tiene su intención, cada bocado es un roce, y cada sorbo un suspiro. Aquí se come con la boca, pero también con la imaginación. Porque la cocina del Pacífico en Cali no es solo comida: Es un orgasmo servido en olla de barro, un susurro que dice “pide otro plato, que la noche apenas empieza”.
Así que no digas que vienes a Cali solo por la salsa: Ven a probar el pecado más sabroso, ese que no necesita confesión porque todos son cómplices.
Ojo: Metéle una cocada de sobremesa y listo.
Ñapa: Sitios para degustar, muchos; accesibles para todos los bolsillos, siendo igual de buenos: En la galería Alameda y alrededores; el Chonta Plaza, en la calle 34; y en el Peñón y San Antonio, en cada calle hay todo tipo de restaurantes de comida con sabor Pacífico.
No se relaman, vengan al Valle y gocen.
Ñapita: Rechazamos cualquier muestra de racismo, venga de donde venga, incluso del Presidente aunque esté alucinado.


