El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha reforzado de manera significativa su esquema de seguridad personal ante lo que considera una creciente amenaza de intervención militar por parte de Estados Unidos, según confirmaron varias personas cercanas al gobierno venezolano. Las fuentes describen un entorno cargado de tensión dentro del círculo íntimo del mandatario, quien, pese a ello, está convencido de que mantiene el control político y que podrá sortear este nuevo episodio de presión internacional.

De acuerdo con estas versiones, Maduro ha intensificado las precauciones desde septiembre, cambiando constantemente de lugar para dormir, sustituyendo teléfonos celulares y variando sus rutinas para evitar un eventual ataque de precisión o una incursión de fuerzas especiales. Además, ha ampliado el rol de los guardias de seguridad cubanos, así como la presencia de agentes de contrainteligencia de la isla dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas, con el fin de reducir riesgos de filtraciones o traiciones.

Aunque en privado el gobierno se mueve en un ambiente de alerta, en público el mandatario intenta proyectar normalidad. Ha disminuido sus apariciones programadas y transmisiones oficiales, reemplazándolas por intervenciones espontáneas y mensajes pregrabados. En eventos improvisados —como su reciente aparición en Caracas— se muestra bailando, bromeando y reiterando mensajes de paz, mientras repite consignas como “No a la guerra, sí a la paz”.

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El Ministerio de Comunicación venezolano no respondió a solicitudes de comentarios. Entretanto, las tensiones con Washington persisten, en medio de acusaciones estadounidenses de que Maduro dirige un “cártel narcoterrorista” y de presiones militares que buscan aumentar su salida del poder.