No más niños esclavizados ante las pantallas de computador

Han pasado dos meses desde que inició el confinamiento y la suspensión de clases presenciales en las universidades y colegios. Esto ha generado una discusión en torno a la virtualidad, su pertinencia, factibilidad y aplicación. Innumerables criticas aparecen a diario, y con ellas los webinar, los Facebook live, los  YouTube en vivo y muchas capacitaciones de expertos que ofrecen desde profundas reflexiones hasta recetas de cómo trabajar la pedagogía en estos momentos. Lo cierto es que pareciera que la mayoría de los docentes, padres de familia y estudiantes están tan atosigados con tantos talleres, trabajos y clases en zoom, teams o meet que no tienen tiempo para participar en la mil y una conferencia que se ofrecen en las redes, pero los 40 y más ladrones (llamado cansancio, pereza, saturación de tareas, entre otros)  roban la paz mental y la tranquilidad de la vida. Se hace urgente, entonces,  pensar en nueva escuela, pero no para cuando pase la pandemia, sino para hoy.  Se hace necesario pensar en la educación en su sentido original y no esa que se ha quedado atrapada en la redes económicas y comerciales. No hay que pensar en una educación post-pandemia, sino en la educación del aquí y el ahora.

La educación, a mi manera de ver, no es la que debe cambiar, sino nuestras concepciones de ella y la manera como orientarnos los procesos y las prácticas curriculares.  Porque todos hablan de cambiar la educación, pero pocos reconocemos que los cambios deben ser de nuestros imaginarios para que cambien nuestras emociones y así cambien nuestras acciones. Uno de los grandes problemas que nos encontramos en la actualidad es que queremos seguir con las practicas presenciales a través de entornos virtuales. Queremos segur “calificando” pero no evaluando. Sumado a esto nos encontramos con que han prevalecido los egos institucionales y ese afán de absolutizar la razón, los contenidos y la eficiencia capitalista, sacrificando la vida, los sueños y el bienestar de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

La pandemia ha hecho evidente los vacíos pedagógicos en procesos curriculares, evaluativos. Ha salido a flote que esa famosa «Formación Integral» era solo estrategia de mercadeo y esa «Educación en valores» era un sofisma que ocultaba una educación carente de sensibilidad, humanidad y proximidad, por eso se hace urgente una revisión de las prácticas curriculares.

El manejo que algunas instituciones educativas públicas y privadas le han dado a este tiempo de confinamiento nos lleva a comprender la crisis de la educación.  Nos hemos centrado en un activismo escolar, cada institución quiere mostrar que hacen (no importa si lo que están haciendo sirve, sino que la idea es tener a los muchachos ocupados)  para poder cobrar. Por eso hay que pasar a la praxis pedagógica,  entendiéndola como aquellas prácticas que favorezcan aprendizajes existenciales, sensibles, humanos que generen transformaciones en las relaciones de maestros, estudiantes y sus familias.

Una educación en estos momentos debe trascender los contenidos, las pruebas y los formatos. Se deben superar las calificaciones, la estandarización y las competencias. Hoy la educación debe volver a su esencia, a ese cultivo de la humanidad, a reflexionar sobre los sentidos de vida y provocar el diálogo abierto, sincero y crítico. En este sentido es menester indicar varias ideas profundas con frases cortas:

– La acumulación de contenido no es igual a sabiduría.

– El alto nivel de formación no es igual un alto desarrollo moral.

– La cantidad de tareas es inversamente proposicional con el amor al aprendizaje.

– Hacer tareas no significar haber aprendido.

– No se puede confundir exigencia con intransigencia.

– No es lo mismo rigurosidad con cantidad.

– Lo sencillo puede ser profundo y lo difícil puede ser superfluo.

– Una verdadera educación trasciende en la vida y en la sociedad.

– Se debe educar con el co-razón.

– La educación es una sola, sea virtual,  presencial o a distancia lo que cambia son las estrategias.

Así pues, la educación debe provocar el cultivo de las cualidades humanas siempre en relación de proximidad. Se hace urgente una educación pertinente para su tiempo y no para mantener el statu quo de una institución.  

En conclusión, quiero hacer una petición: No permitamos que la inocencia, la vida y la felicidad de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes se vea perdida, por eso no más niños esclavizados ante las pantallas de computador.​