La educación es un asunto de amor

La educación es una praxis existencial que compromete todas las dimensiones del ser humano, no obstante, esta ha sido reducida a un ejercicio exclusivamente cognitivo, desconociendo procesos, ritmos y diferentes maneras como las personas aprenden. En este momento las instituciones educativas se enfrentan al reto de desarrollar procesos de evaluación que sean coherentes, pertinentes, flexibles e integrales que permita identificar los avances y fortalezas de los estudiantes.  Pero no es posible llegar a este propósito si no hemos comprendido lo que significa y lo que implica la educación. En este sentido deseo en estas líneas presentar una apuesta de educación que considero necesaria, en especial en estas circunstancias que afrontamos. La resumiré en una frase para que la podamos grabar en el corazón, y que no se nos olvide: La educación es un asunto de amor. Pero ¿qué significa esta afirmación? Permítanme sintetizarlo de cinco maneras:

  1. Amar es alimentar la esperanza: En el corazón de los niños, adolescentes y jóvenes se albergan miles de sueños. Para ellos no hay nada perdido. Estoy seguro de que, en sus diálogos diarios, fantasean, crean historias y mundos nuevos. Y la educación debe permitirles espacios donde puedan con sencillez, creatividad construir un mundo nuevo. La mejor educación no es la que más almacena contenidos, sino aquella que promueve ideales, sueños e ilusiones. En el alma de los niños no existe: “el no puedo, no soy capaz”, esas frases son aprehendidas de nosotros los adultos, de nuestros temores. Alimentar la esperanza es detenerse por un momento a escuchar sus sueños, lo que desean, lo que aspiran y allí nos daremos cuenta de todo lo que ellos tienen para enseñarnos. Ahora bien, es necesario tener cuidado porque en ocasiones se convierte el miedo y la esperanza en una estrategia política para promover en los niños, niñas y jóvenes la apatía que desestima la crítica, la resistencia y la indignación. En este sentido, proteger la esperanza y alimentarla es un acto de resistencia política para la trasformación social. Porque sin utopía no hay lucha por la transformación de realidades de injusticia. 

Este país no ha cambiado, porque le hemos robado a los niños la esperanza,  la inocencia y la creatividad; por eso este año, en especial, debería ser una apuesta por alimentar la esperanza y ligado a esto promover la creatividad que rescatar lo recursivo de los niños, desarrollando la capacidad para superar las condiciones más difíciles. Esto implica desarrollar una educación con el estudiante y no solo para el estudiante. En esta visión esperanzadora de la educación subyace la convicción de que es posible un mundo mejor,  es decir que creemos que la humanidad puede cambiar su rumbo, que podemos dejar el egoísmo, la competencia y la violencia. Permitir que los niños crezcan con ilusiones los alejará de las drogas y la violencia, pero sobre todo le permitirá caminar siempre en búsqueda de su horizonte de sentido, fortaleciendo la mirada crítica y haciéndose consciente de su dignidad, porque cuando uno alberga una ilusión por pequeña que sea, motiva a seguir adelante, a vivir y a darle sentido a la existencia. Esta tarea es una urgencia en los procesos pedagógicos.

  1. Amar es alimentar la alegría: nada ni nadie en este mundo tiene el derecho de robarle la alegría a los niños.  Una de la mayor tarea de los adultos es alimentar la alegría en los niños. Quienes han asumido la paternidad y la maternidad con amor, saben que no hay mayor satisfacción y felicidad que ver la sonrisa de los hijos y sentir la alegría en sus corazones. Creo que no hay mayor felicidad que ver aquellos ojos abrirse en sus primeras horas de nacer. Quien puede renunciar a la felicidad de tomar la vida de nuestros hijos en los brazos por vez primera. Esa felicidad es la que los niños llevan en su corazón, por eso juegan, ríen, corren y nada les puede quitar su alegría, porque les estaría quitando su esencia de niños, les estaría quitando la vida, por eso como maestro, pido perdón si en algún momento he cometido esa falta. Pero, también permítanme hacer una pregunta en voz alta ¿alimento la alegría o soy la causa de sus dolores y tristezas? Será que la tristeza que brota de los ojos de muchos niños no es acaso porque en casa no hay hogar, porque sus padres y madres ponen como prioridad su orgullo y su inmadurez, que la alegría y felicidad de los niños. Para amar no se necesita dinero, tan solo un corazón abierto, sin rencor, dispuesto a perdonar. Solo un corazón limpio y libre vive feliz y esto lo comparte con quienes viven en casa.  Y no necesitamos grandes desarrollos tecnológicos para el amor, sino la disposición abierta, libre, diáfana para darlo todo. Y como se ha notado he querido dejar claro que esta es una tarea concomitante entre escuela y familia. No hay mejor educación que el amor que siempre alimenta la alegría y para un niño feliz, no hay bullying que le haga daño. Es la ausencia de carácter a causa de la falta de amor en casa la que hace niños frágiles y vulnerables a todo. Qué triste el hogar que sea la causa del dolor en el corazón de su hijo y que la escuela sumergida en el activismo estéril se haga cómplice de aquellos que quieren robarle la alegría a los niños, niñas adolescentes y jóvenes.
  1. Amar es proximidad: esta palabra proximidad no es nada diferente a aquello que aprendimos de los abuelos. Estar siempre al servicio y a la solidaridad. Hay algo que me ha sorprendido en mi experiencia de maestro y es que: cuando en las instituciones educativas (escuelas , colegios y universidades) hemos recurrido a la solidaridad para ayudar a las poblaciones que pasan necesidad o han vivido tragedias, todos los niños han sido muy dispuestos a colaborar; sin embargo, quienes ofrecen primero su ayuda, son las familias con mayor necesidad. Confieso, que muchas escenas como estas quebrantan y confrontan mi existencia. Al contemplar aquellas lecciones de servicio y proximidad, me ha llevado a comprender que hay esperanza en la humanidad,  veo en aquellas personas a la viuda del Evangelio que daba todo lo que tenía para vivir. Proximidad, entonces, es ser consiente que existe un prójimo, que merece ser respetado, cuidado, que necesita de mí. Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar. Un corazón esperanzado, un corazón feliz, es un corazón solidario, dispuesto siempre a la ayuda.  Qué necesidad tenemos que todos los colegios, escuelas y universidades sean escuelas de la proximidad.
  1. Amar es corregir: “yo corrijo a los que amo” dice la Biblia. Corregir con amor no es ser permisivos. Atención, estamos frente a una generación de padres que no están corrigiendo a sus hijos. Corregir, no significa maltratar, agredir, es más una sonrisa, una mirada pueden ser signos a nuestros hijos que las cosas nos están bien. No nos de miedo ser referente de autoridad. No del autoritarismo, ni de la intransigencia. Es que muchos padres, madres, abuelos y tíos quieren quitarse la responsabilidad de educar, de ser autoridad, de ser referencia y les permiten a los niños y niñas cosas, solo para no ser confrontados por ellos. Ceder la autoridad no es más que buscar una licencia de hacer lo que queramos, pero les recuerdo que los niños y niñas actúan con el ejemplo de nosotros, de los adultos. La mejor forma de ver el futuro de un niño es la manera de actuar de los adultos que están a cargo de su formación. Cuidemos los pasos que damos como sociedad, siempre hay un niño lleno esperanza, feliz y servicial siguiendo nuestros caminos y nuestros actos pueden arrojar todo al bote de la basura. Tengamos cuidado con el ejemplo, no porque alguien nos lo dice, sino porque queremos que los niños, niñas , adolescentes y jóvenes sean feliz ¿o me equivoco padres?

Algunas veces en las escuelas y colegios se hace un llamado de atención a los hijos por algún comportamiento que afectaba la convivencia, y de manera sorpresiva aparece un padre de familia en actitud desafiante a decir que el autorizaba ese gesto, desautorizando el proceso formador de las Instituciones Educativas. En estos casos no sé si siento mayor tristeza por el padre o por el niño. Sobre todo, porque lo hacían delante de los niños y niñas.  Creo en aquella máxima griega que dice “educa al niño y no tendrás que corregir al adulto” y creo que educar es corregir. Esto se aprende en casa, por eso lo hemos dicho muchas veces: si no hay familias que eduquen no hay escuela que sirva (https://fullcali.com/willian-fredy-palta-velasco-4/ )

  1. Amar es cuidar: el cuidado es la actitud esencial por naturaleza del ser humano. Quien olvida aquella recomendación de mamá diciendo “Cuidado con…” Es que solo cuidamos a lo que amamos. Y la educación al ser un acto de amor es por lo tanto un acto de cuidado. Hoy una de las asignatura más relevante e importante es la del cuidado. Una educación debe orientar cada proyecto, cada actividad como una expresión de cuidar y cuidarnos. La escuela de la proximidad se aprende en el servicio, del cuidado y esta es la mejor forma de servir. La tarea que los profesores deben orientar es la de asumir una actitud de cuidado, por eso la invitación es a cuidar las palabras que usamos al dirigirnos a los demás, cuidémonos los unos a los otros. Si cuidamos a los niños,  ellos aprenderán a cuidarse y a cuidar los demás y su entorno. En este sentido las prácticas pedagógicas deben ser prácticas de cuidado y los maestros y maestras debe manifestar en estos momentos esa expresión de humanidad, es decir que el ejercicio pedagógico sea sensible, amoroso, responsables y profesional.

Finalmente, las instituciones educativas siendo coherentes con el sentido y el propósito de la educación deben actuar con actitudes de proximidad, de servicio y amor. De ahí, saldrán las estrategias del proceso evaluativo, que jamás será un ejercicio para descalificar o desconocer los ritmos de aprendizaje. Recordemos, entonces,  que educar es un asunto de amor.