Con la muerte de Clementina Vélez desaparece la última de las primeras líderes políticas femeninas de Colombia.

Cuando no había ley de género, ni cuotas sexistas, Clema se imponía por su liderazgo y por sus propios votos.  Fue Concejal de Cali, casi vitalicia, Diputada y Representante a la Cámara.

Sabía por dónde le entraba el agua al coco en el manejo de la política; corría con chanclas de para atrás y no se le caían; era campeona mundial en acuerdos políticos.

Se forjó desde abajo, estudió derecho y fue profesora de Constitucional; no se arrugaba ante nadie, ni ante nada; frentera cuando debía serlo.

Tenía una vocación de servicio inconmensurable; bastaba con solicitarle un favor y ella lo asumía como propio.

Cuando entré a la vida política, Clementina ya era institución.  Fuimos liberales, pero nunca del mismo sector; ella Balcarcista hasta los tuétanos y yo Holmista.  Eso nunca impidió que me tratara con gran aprecio.

Clema era una verdadera madre con la gente que la seguía; peleaba por ellos a brazo partido y trataba de ayudarlos en todo; los consideraba su familia.

Tenía una característica muy divertida que era su humor socarrón; le encantaba la charla picaresca.

Se nos fue la copartidaria, la amiga, la servicial;  nos deja su ejemplo de constancia y dedicación a los necesitados.

Soportó con entereza una dura enfermedad,  que la llevó con gran humor.  La última vez que la vi y le pregunté como seguía me contestó: «aquí desacreditando este cáncer».

A su familia y amigos, mis condolencias y solidaridad en estos dolorosos momentos.

Clema:  Nos vas hacer mucha falta.  Me reuniré con Toño y Mauricio  a contar tus innumerables anécdotas y a evocar con alegría tu existencia.

¡¡Hasta pronto!!