Iniciamos un camino de solidaridad, serán días donde estaremos en casa, no lo veamos como un estar encerrados, sino como la posibilidad de encuentro con nosotros mismos. Ese tiempo que reclamamos para descansar, meditar, reflexionar, leer y compartir con las personas que amamos y nos aman. Es un momento privilegiado para comprender y valorar la unidad familiar. Para saber que la amistad es un vínculo espiritual, no tanto corporal. Es un tiempo para valorar el trabajo, y aquellos con quienes compartirnos a diario.

Es importante tomarse un tiempo para meditar, porque estamos experimentando la saturación de la información, que como la luz, cuando es exagerada no nos deja ver, en ocasiones tanta información y de tantas partes, nos confunde y asusta. Por eso es necesario un tiempo para detenerse, y encontrarse en el silencio.

Es un tiempo de encuentro con nosotros mismo, no de aislarnos, porque estamos unidos. Tomémoslo como un spa espiritual, que fortalezca y embellezca nuestro espíritu, con aquellos valores y principio que nos hacen mejores seres humanos. Busquemos actividades que podamos hacer desde los lugares donde vivimos estos días. Es la hora de volver a los juegos tradicionales, esos que aprendimos de niños (dominó, parqués, entre otros). Incluso para hacer rutinas de ejercicio que nos mantengan en forma. Es un tiempo que la vida nos regala para leer ese libro que tanto anhelamos.  Es una posibilidad para que los niños desarrollen la creatividad. Pero sobre todo es un espacio privilegiado para el amor, el cuidado y la solidaridad.

Les propongo una tarea para el día de hoy, como una forma de alimentar la esperanza, reunamos unos minutos y compartimos un momento de dialogo, meditación u oración con los que compartimos. Incluso, puedo usar las redes para conectarme con el resto de la familia que están en sus casas. Por mi parte cada día les enviaré una pequeña reflexión durante estos días, si desea que te llegue, espero tu mensaje de vuelta. Gracias