Descalificar de facto, sin hacer análisis y, simplemente, por una reacción visceral, es un acto de fanatismo y por tanto un acto irracional. Pedir a aquellos que reaccionan así una reflexión inteligente es, sin duda, una pérdida de tiempo.

Por eso, si usted ya calificó, la declaración de las FARC responsabilizándose del crimen de Álvaro Gómez, como un acto de complicidad con Samper, gracias a Santos «el conspireta», por favor no siga leyendo este susurro.

Para los pocos que sigan leyendo, me permito hacerles unas reflexiones; no busco que estén de acuerdo, solo que les sirva para analizar el hecho.

Dudar de las FARC debe ser lo primero que debemos hacer todos los colombianos; son mentirosos por esencia; si se están echando la culpa de unos crímenes, sin duda, es porque saben que aceptar su responsabilidad en algo, los beneficia.

¿En qué los beneficia? En que si no los confiesan pierden los beneficios penales y la sustitución de las penas.

Debe quedar claro que, no hay beneficios si no se confiesan todas las circunstancias de tiempo, modo y lugar del crimen; deben contar los detalles de planeación y ejecución del asesinato. Por tanto, hasta ahora, solo han dicho que fueron ellos los que mataron al jefe Conservador, falta el resto, para ver si les creemos.

Con esta confesión se desvirtúa la tesis del embajador gringo Frechette de que fueron unos exmilitares los que asesinaron a Gómez; lo mismo de los que dicen que fueron Samper y Serpa los responsables.

Que lo hagan solo para contradecir al embajador gringo y por un pacto secreto entre ellos y los exmilitares es un desafuero.

Que se auto sindiquen del crimen, porque Santos, el mayor conspirador y enemigo de Samper, se los haya pedido, es igualmente increíble.

Que Samper y Serpa sean jefes de las FARC, es igual de carente de verdad, como la sindicación que le hacen a Uribe de planear todas las masacres paramilitares.

Lo único cierto, hasta ahora, es que las FARC confiesan haber asesinado a Chucho Bejarano, negociador de paz; al General Landazábal y a Gómez Hurtado; esperemos que cuenten los detalles y después juzguemos. Antes, ni absolvamos ni condenemos a nadie distinto.

Ñapa: Me apena nuevamente la absurda declaración de Duque, sin fundamento alguno, de tachar de falsa la confesión de la FARC. En lugar de verla como un avance, descubrir por fin la verdad de los crímenes cometidos en esa absurda matanza de 52 años, la convierte en otra pelea.
Ñapita: «Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.