Que difícil escribir cosas optimistas por estos días, donde nos cercan las malas noticias.

Todos estamos estupefactos con las noticias diarias del incremento de contagiados y de muertos por causa del Covid19. Al mismo tiempo, estamos paniquiados por el desempleo y el cierre de docenas de negocios de personas que conocemos.

Esto cada vez se parece más a una película de terror, donde el protagonista central, un bicho verde con crestas, infunde tanto miedo que la única salida es irse en una nave extraterrestre.

Nadie sabe para dónde vamos y menos cuándo va a terminar esto. Por eso se presta a todo tipo de conjeturas y de teorías de falsos profetas, unos anunciando la inminente solución y otros agorando el fin del mundo.

Es muy sintomático que varios adalides de la negación de la pandemia y de la minimización de sus consecuencias mortales, estén ahora contagiados, como el mejor tenista del mundo o muertos como el pastor protestante.

¿Cómo combinar la innegable capacidad de contagio con la necesidad de no acabar con la economía y el empleo del País?. Conociendo nuestra incultura ¿podemos dejar al libre albedrío que cada ciudadano opte por su cuidado y prevención del contagio?

Las medidas coercitivas han demostrado que no sirven para contener a los ciudadanos ávidos de recursos para subsistir. Dejarlo a la responsabilidad de cada uno, para con su vida y la de su familia, es un túnel sin salida a la vista.

Como si no fuera bastante, la delincuencia se disparó. El robo, la extorsión y los asesinatos se incrementaron en estos días; no es falsa noticia, es una lamentable verdad. Hagan su encuesta personal y lo comprobarán.

Lo que personalmente más me preocupa es que no veo el liderazgo necesario para unir al país y sacarlo adelante. Estamos tan inmersos en los odios que perdimos las causas comunes.

Empezó desde ya la campaña presidencial, signada por las jefaturas de los odios y no por la necesidad de la reconstrucción de la nación.

!Que nos cojan confesados!, gritó el loco Luisito.