Vivir en un sistema económico, político y social como el nuestro nos lleva a asumir un ritmo acelerado en los quehaceres que se nos plantean, se visualiza al ser humano como un recurso más, incluso en la educación, los docentes cumplimos todas las labores posibles, como psicólogos, enfermeros, agentes del ICBF, policías, investigadores, secretarios, tesoreros, decoradores, escritores, aseadores, humoristas y muchas más, sin contar con los inmensos problemas que podría un docente manejar a diario como director de grupo. A esto se le suma que una jornada de 7:00am a 1:30pm tienes la responsabilidad de responder con mínimo 36 horas de clase por semana, asumiendo las horas de remplazo y ni hablar de los docentes que aceptan doble jornada.

Pero a pesar del panorama que muchos vivimos a diario hay varios elementos que se rescatan, se disfrutan y es necesario compartir. Por ende, este espacio reflexivo y valioso tratará de dar elementos vinculantes para tomar una pausa, respirar y reflexionar en el sentido que tiene ser maestro.

Y el maestro es aquel que asume una tarea emancipadora, liberadora y amorosa. Vínculos es un espacio para conectarnos con lo que nos motivó a ser lo que hoy somos. La educación como proceso vital en el ser humano nos transforma, nos permite observar la vida en todo su esplendor ¿cómo no hacerlo si a diario me relaciono, dialogo y me confronto con más de 800 estudiantes? Cada salón modifica de manera rápida las emociones del maestro, los retos y las metas.

Vínculos es espacio para reconocer, además, que el maestro no asume su papel solo en las ocho horas laborales que manifiesta el contrato, el maestro todo el tiempo está pensando que estrategias debe implementar para determinado grupo, está pensando aquella historia que le conto su alumno, en que debe pasar las notas en casa porque no las alcanzo a subirlas en la Institución, además, los muchos formatos que debe llenar y entregar para los diferentes proyectos institucionales que maneja la institución.

Vínculos es un espacio para recordar la cantidad de experiencias que vivimos los maestros, las risas, las bromas que realizamos con los estudiantes, porque también tengo que mencionar que no ha pasado un día de clases en que no se ría a carcajadas, es imposible no reconocer el dinamismo de la vida, no valorar sus esfuerzos, ni contemplar al lado de ellos sus sueños e ilusiones.

En los próximos escritos tendré como referencia autores que me han permitido vincularme con mi personal, con la vida del otro, mi hermano, incluso con Dios, la relación con él me permite ver la vida desde una mirada diferente, fomentando en mí actitudes de respeto, cuidado, fraternidad y amor por la vida misma, por lo que he logrado ser sin olvidar todos los procesos que he llegado a tener.

Algunos autores son Hugo Assmann, Humberto Maturana, Leonardo Boff, Paulo Freire y algunos escritos del Papa Francisco, su sentir y sus sueños han permitido que la educación recupere su encanto, su valor y además reconozca que no solo se aprende en la escuela sino en toda la vida. Es decir, a partir de las experiencias de aprendizaje se construye el conocimiento, junto a las familias, con los amigos, con la comunidad. ¿Qué aporta la familia, los chicos del barrio, las religiones, los políticos a la formación de los niños, niñas y jóvenes? ¿Qué aportan los medios de comunicación y las redes sociales a su formación? ¿Qué aportamos los maestros como personas y compañeros de otros? ¿construimos acaso el aprendizaje junto a ellos por nuestro ejemplo o por lo que dictamos y mandamos a hacer?

¡Ah y referente a coronavirus! Podría decir que llegaste en el momento más oportuno: Tal vez necesitábamos reconocer lo vulnerable que podemos ser, reconocer que la vida es dinámica y que no se controla, se vive y se disfruta en el caos, que por más agenda y planes que podríamos tener, todo se puede caer.

Tal vez necesitábamos reconocer que la salud y los momentos en familia son mucho más importantes que todo lo que nos distrae y nos entretiene.

Tal vez necesitábamos tomar conciencia que diariamente mueren muchas personas y no solo por el coronavirus, sino por múltiples enfermedades, además que muchos pierden sus vidas por las injusticias sociales, por las depresiones, por los feminicidios, por la violencia, por la indiferencia.

Tal vez necesitábamos bajarle la intensidad a la vida, al corre corre, a querer hacer todo rápido, para producir más sin sentido alguno. Ahora toca estar resguardado, quietos, pero en casa con los que más se aman (menos los docentes y directivos del sector privado, además, de muchos que continúan sus labores común y corriente).

Tal vez necesitábamos dejar a un lado las etiquetas, necesitábamos tener un mismo sentir. Hoy no importa si eres rico o pobre, no importa a que país pertenezcas, están todos unidos luchando para sobrevivir, la vida está recobrando su valor.

Tal vez tengamos que dar gracias a Dios por el coronavirus por que despertó la vida espiritual aun con los templos cerrados. En toda la historia de la humanidad el ser humano en la dificultad y en los desastres naturales es cuando alza su mirada al creador. Es momento de escuchar el clamor del pueblo, reconocer nuestra tarea educativa, de recobrar el valor de la vida y el sentido de nuestras acciones. Todos tenemos una responsabilidad social que cumplir.