El seguimiento de Jesús

El evangelio es una invitación para asumir un estilo de vida conforme a la propuesta de Jesús, que es la causa del Reino de Dios. Muchas personas hemos reducido el seguimiento a una serie de rituales, en ocasiones descontextualizados de la vida. Por eso es necesario recordar que lo importante no es tanto creer en Jesús, sino creerle a él. La fe, entonces, es un ejercicio de reflexión y praxis, tal como la señala la Carta de Santiago (2, 18) cuando afirma “ Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Y este es el punto más difícil del seguimiento, porque implica comprometer la existencia en la coherencia con lo que Jesús propone.

Las lecturas de la palabra de Dios para este día nos invitan a revisar nuestra praxis de fe, de revisar la forma de asumir el seguimiento. El profeta Isaías (49,1-6) expresa “Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad, el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios”. Comprender la acción de Dios en nuestra vida, es descubrir que, a pesar de las dificultades, Dios está con nosotros. Nuestra fe debe ser un canto de esperanza, que en él no seremos defraudados, por eso el salmo 70 dirá: “Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”. Sin embargo, cuando perdemos nuestro horizonte de fe, y no dejamos distraer en lo que no es importante, nuestro seguimiento convierte en un discurso vacío.

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Por eso el evangelio de san Juan (13,21-33.36-38): nos presenta a Jesús experimentado las consecuencias de la debilidad de sus discípulos, Uno que lo traicionará y otro que lo negará. Ellos le seguían, creían en él, pero aún le faltaba que le creyeran él, porque el Evangelio, exige radicalidad, fidelidad y obediencia. Pero en ocasiones queremos seguir a Jesús, pero con nuestras exigencias, con nuestras lógicas, nuestros caprichos y queremos que su mensaje se ajuste a nosotros, para no tener que cambiar aquello dia-bólico que hay en nosotros .

El seguimiento de Jesús pasa por la cruz, hay que asumirla para morir a la codicia, a la ambición al egoísmo, a todo aquello que divide y excluye, para que podamos resucitar cada día con actitudes de solidaridad, entrega y compasión a través del servicio, cuidado y amor a los más pobres y abandonados. Por lo tanto, el seguimiento de Jesús es un llamado de justicia y solidaridad.