La misericordia como compromiso pascual

La misericordia es la actitud cristiana de estar al servicio de los que necesitan de mí. Esto exige estar atento al clamor de los gritan buscando auxilio, consuelo, compañía y comprensión. En ocasiones este grito es silencioso, hay personas que a nuestro alrededor sufren en silencio y soledad, por eso hay que estar atentos a las miradas, a los gestos, a las expresiones de quienes conviven con nosotros y reconocer en sus rostros cuál es el llamado que nos hacen. La invitación hoy es dejar por un momento el celular, la computadora, el televisor, el Whatsapp y mirar el rostro del hermano y la hermana que camina a nuestro lado. El mensaje de este día, no es tanto saber quién es mi prójimo, sino actuar como prójimo, por eso nuestro compromiso pascual hoy es la misericordia, la compasión, en otras palabras, la Proximidad.

La misericordia es la capacidad de llegar con amor hasta el corazón más débil y herido para sanarlo, es un intento de comprender a los demás, por eso la persona misericordiosa se desprende de esa actitud arrogante del querer saber, que lo lleva excluir, juzgar y censurar, e intenta siempre comprender y trata de caminar con suavidad, al entrar en el corazón de aquellos a los que nos cuesta dificultad de aceptar. Por eso una actitud misericordiosa se compromete a respetar, tratando con cuidado para no herir, excluir, ni pisotear. Tal como lo invita Jesús que acoge, más allá de la situación o condición de las personas. En esta misma línea José Benítez dice que: “Lo dicho tiene su importancia cuando se sabe que la moral de Jesús comparte una praxis liberadora de los pobres y oprimidos” por eso Él acoge, ama, transforma y libera. La misericordia es sanadora no solo de la vista o el oído, sino del corazón injusto, excluyente, elitista y egoísta, y trata de llegar al corazón del otro, con una palabra que derriba los muros y construye puentes llenos de humanidad, de amor y con una actitud de misericordia que perdona y hace una fiesta por aquellos corazones que se reconocen necesitados de Él.

Hoy la propuesta de Jesús es un llamado urgente a una práctica de misericordia, porque afrontamos no solo un virus que nos ha convocado al cuidado mutuo, sino que asistimos a una sociedad desbordada por un consumo deshumanizado, a una economía de competencia y una dinámica de corrupción que condena a millones de seres humanos a la pobreza, el hambre y la muerte. La propuesta de Jesús de misericordia no puede confundirse con una actitud sentimental inoperante, sino que es una exigencia de amor que reivindica social, ética y políticamente la dignidad de ser humano, por eso su misericordia es una praxis de solidaridad y justicia, tal como lo señala José Benítez “No hay otro camino, ni otra moralidad, para Jesús que no pase por dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y refugio al peregrino”.

La espiritualidad de Jesús y su práctica pastoral parten de la sensibilidad social, que lo lleva a oponerse de manera categórica a toda forma de injusticia, que amenaza la vida del ser humanos. Por eso la pascua es la celebración de la acción liberadora de Dios de la esclavitud de Egipto. Pero, sobre todo es la celebración del misterio salvador de Cristo muerto y resucitado, fundamento de la fe y esto tiene una implicación para quienes creemos en Él y hemos decido aceptar su proyecto de vida. En este sentido, se puede decir que el cristianismo no es una teoría, sino un estilo de vida, por lo que celebrar la pascua es hacerse próximo con quien sufre, es decir, que la proximidad es una obligación moral para el cristiano que nos obliga actuar con la actitud misericordiosa de Jesús.

Las preguntas que debemos hacernos hoy son ¿Qué persona cercana está necesitado de la misericordia? ¿cómo me puedo hacer próximo, con aquellos que sufren tristeza y dolor? ¿cómo podemos ser solidarios con los que tienen necesidad? Porque, si pasa la pascua y nuestra solidaridad no se hacen vida, hemos cumplido con un ritualismo sin praxis cristiana, ni compromiso espiritual con la causa del Reino de Dios, porque no hemos dado el paso para que reconozcamos al resucitado en la fracción del pan y podamos con Él gozar de una vida nueva. En este sentido, la misericordia es un compromiso pascual que transforma la injusticia y llena de vida cada espacio donde estemos.