El día sin IVA y el fracaso de la educación
 
Colombia acaba de vivir una jornada para reactivar la economía, que se ha denominado el día sin IVA. Es cierto que esta actividad se había propuesto antes de que iniciará la pandemia causada por la Covid -19, lo cual no es razón para dejar pensar acerca de la pertinencia de dicha jornada, sobre todo en este el momento en el que se vive la crisis más aguda y el mayor riesgo de contagio. Las noticias locales, regionales, nacionales y las redes sociales evidenciaron las aglomeraciones, la falta de cuidado, la irresponsabilidad de dueños de almacenes, y ciudadanos al no cumplir con las medidas mínimas de bioseguridad, lo que hizo de Colombia el hazmerreír de la comunidad y la prensa internacional.
 
Buscar responsables de la actitud es fácil, tienen nombres propios, sin embargo, no deseo aquí personalizar el asunto, pero sí quisiera señalar algunas reflexiones sobre lo acontecido en el día sin IVA y cuál el lugar de la educación.
 
Una primera idea a la que me quiero referir es la falacia de reactivar la economía. Es necesario comprender que la economía es mucho más que capitalismo. Aquí lo que se busca es satisfacer la ambición necrófila del capital. Ese fetiche que se alimenta de la vida de las personas, que instrumentaliza lo humano, privilegia la acumulación y el consumo, que hace creer que el sentido de la existencia es el consumismo desaforado que convierte al ser humano en depredador y asesino. Hay un urgente llamado a comprender la economía desde concepciones más comunitarias, solidarias que privilegien la vida y la reciprocidad con la tierra, el entorno y los seres sintientes que la habitan. Incluso la pandemia nos esta exigiendo la práctica de huertas caseras y comunitarias para la consolidación de la soberanía alimentaria, lejos de ese Moloch que se alimenta de la vida de las personas.
 
En segundo lugar, es necesario indicar que los gobiernos tienen que realizar un ejercicio político obediencial, esto es actuar siempre escuchando la voz del pueblo como fuente soberana del poder. Cuando el gobernante, que es el representante de la comunidad, desconoce esta ligación de su ejercicio delegado, da lugar a la corrupción o fetichización del poder, y cuando esto ocurre condena a su pueblo a la muerte al suicidio colectivo. El fundamento materia de lo político es la vida y esto debe constituirse en la razón de ser de todo ejercicio de representación; el cuidado, la protección y la reproducción de la vida en todas sus manifestaciones. En este sentido, se puede decir que el gobierno en Colombia ha actuado en contravía con su deber ético y político, porque ha privilegiado el capital, arriesgando la vida y el bienestar de su pueblo.
 
En tercer lugar, esta realidad ha demostrado el fracaso de la educación que ha querido responder a la lógica neoliberal, bajo una propuesta industrial y empresarial. La educación ha sido atrapada en una lógica mercantil, ha dejado de ser un derecho que privilegie la conciencia crítica, ética y política, para constituirse en un servicio que se vende a la lógica del mercado. Es decir, que se ha privilegiado más la adaptación de los sujetos al sistema hegemónico, generando una producción de profesionales en serie, pero con una visión centrada en la acumulación y el consumo. Es decir, se está preparando sujetos productores y  consumidores, mas no ciudadanos críticos que construyan historia en equidad y justicia.
 
Con el día sin IVA quedó comprobado que las personas se identifican más con la idea de consumo como prioridad y sentido de la existencia. No importa la vida, sin el consumo, porque allí encuentra su plenitud. Hay una inversión axiológica que confundido el valor con el precio. Esta es la lógica de una sistema educativo fracasado que debe resignificarse en su sentido y práctica. La educación que privilegia la acumulación y el consumo por encima de la vida y, las relaciones es una educación fracasa, que debe ser resistida y transformado por maestro y estudiantes con sensibilidad social, conciencia ética y actitud de proximidad.
 
Finalmente, deseo terminar con la palabra del expresidente de Uruguay José “Pepe” Mujica a los jóvenes. “ no puedes ir al supermercado a comprar vida”.