La cruz: un llamado a la práctica de la justicia

Lecturas
Primera lectura: Isaías 52, 13-53, 12
Salmo: 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
Segunda lectura: Hebreos 4, 14-16;5, 7-9.

Evangelio: san Juan 18, 1–19,42.Hoy es un día que nos invita a comprender el misterio salvador de Cristo, que se hizo humanidad, amor y entrega. Es un día para confrontar nuestro seguimiento porque es el llamado a asumir la cruz. Hoy es un día de silencio para vivir con María el peso de la injusticia. Hoy es un día que supera toda comprensión lógica y que solo se entiende a partir de la inteligencia amorosa de Dios. Los discípulos se asustaron al encontrarse ante el camino de la cruz, los dominó el sueño, el miedo y la desesperanza que les hizo incomprensible el misterio que encierra la cruz, por eso quisieron responder con violencia, otros traición, abandono o negación. Es más sencillo renunciar a la propuesta del Reino, que asumir la causa de Jesús.

Las lecturas de la palabra de Dios para este día nos presentan la realidad de la Cruz. El profeta Isaías nos trae el canto del siervo doliente, esa prefiguración de Cristo y la incomprensión de su misión por una lógica totalitaria, injusta, que ha olvidado la caridad y el servicio por los más pobres y necesitados:

muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.

Cuánto nos cuesta reconocer a Cristo en el rostro de aquello que una cultura del descarte, como lo dice El Papa Francisco, ha “desechado”. En una sociedad centrada en su apariencia, el esnobismo de la imagen nos hace despreciar a los que no gozan del éxito mercantil. Hoy el siervo doliente, el hombre y la mujer de dolores está encarnado en aquellos que sufren la exclusión y la violencia porque su imagen física, social, política, no se ajusta a las lógicas de los poderosos.

Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.

Nuestro egoísmo e indiferencia, nuestra falta de amor condena a que los nuevos hombres y mujeres de dolores carguen el peso de nuestra injusticia. La actitud de aprovecharse de la necesidad de los más necesitado para en una actitud corrupta, hacer riqueza es condenar al suplicio y crucificar a nuestros hermanos y hermanas más pobres.

En la lectura de la pasión nos recuerda que cuando nos aferramos al poder como absoluto, el mensaje de Jesús se hace incomprensible. Incluso nos impide reconocerle su rostro presente el que sufre. Incluso, sabiendo quién es y qué es lo que debemos hacer, preferimos nuestra comodidad, que asumir su reinado, por eso Jesús le dice a Pilatos “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.” Esto es que la lógica de la Cruz es la del servicio, la obediencia y el amor: la cruz está lejos de la dominación, el poder y la injusticia. Meditar hoy la crucifixión no es solo una actitud religiosa sino política y ética, porque la injusticia es el clavo que condena a la muerte en la cruz al justo, al débil, así como Pilatos como lo hizo con el señor:

Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio él.

Por eso hoy es un día de pedir perdón a Dios a través de los hermanos y hermanos. Pedir perdón por el pobre, por el que es excluido y maltratado. Por aquellas víctimas de la corrupción, de la injusticia y la indiferencia. Hoy El siervo doliente sigue presente en nuestra sociedad. Asumir el camino de la Cruz es reconocer en nuestra cotidianidad a aquellos que padecen el peso de la injusticia y que como cirineos debemos acompañar para su liberación del peso que les hemos cargados. Nuestra actitud como seguidores de Jesús es hacernos prójimos con quien sufre la pobreza, la debilidad y la tristeza tal como lo dice Nataly Palta Carvajal “El cristiano tiene que ser un cirineo permanente en el camino de la vida. El cristiano es un ser solidario, compasivo y misericordioso por naturaleza, como expresión fiel de su seguimiento, que ayuda a cargar la cruz de nuestros hermanos más débiles”. La Cruz es un llamado a la solidaridad, a la proximidad, pero sobre todo es un llamado urgente a la práctica de la justicia. En un mundo que se pierde en lo superfluo y banal, es la hora de volver a lo esencial al amor, a la justicia y a la paz, evitando condenar a los hermanos y hermanas al sufrimiento y a la muerte.