Muchas palabras que se usaban antes y que las oíamos con frecuencia, han ido desapareciendo; en esta pandemia he recordado algunas que caen como anillo al dedo.

Muérgano: Es un inútil descarado. Sin duda se puede llamar así al «coscorrón» Vargas Lleras, proponiendo que se reduzcan los salarios y todas las prestaciones sociales.

Bellaco: Es un pícaro ruin. Se aplica al banquero que, en lugar de estar ayudando a salir al país de la crisis, se está aprovechando para enriquecerse más; sobra dar el nombre.

Vergajo: Es un travieso impertinente y mañoso. A muchos se les puede aplicar ese adjetivo; pero, sin duda, el rey de los vergajos es Roy; está metido en todo viendo como jode a alguien.

Mohán: Es un mítico personaje Colombiano que se caracteriza por ser uraño, malencarado y da miedo estar junto a él; sin duda le aplica al Ministro Carrasquilla. Que susto nos da cuando lo vemos que va a anunciar una nueva medida tributaria.

Jayanazo: Es un corpulento patán; se personifica en los presidentes Maduro y Trump. Estos atropelladores jayanazos están de moda desde hace tiempo y lo van a estar por mucho más. ¡Dios nos guarde y nos favorezca!, decía mi abuela Tulia.

Pati hinchado: Es un insignificante individuo; sin duda somos todos los seres humanos que nos pensábamos tan importantes y nos agarró un minúsculo bicho verde con crestas y nos acorraló a todos en nuestras casas. Es, además, sucio; odia el jabón.

Pichurrio: Es pequeño, barato ordinario; se designa así a las ayudas recibidas por los más necesitados y los préstamos de los bancos a los campesinos.

Ojo colombino: Es el morado que aparece alrededor del ojo, después de un fuerte golpe; así de colorado tiene el presidente Duque su ojo, por el descubrimiento de las chuzadas a periodistas y políticos por parte de unos militares. En el mejor momento de su mandato, vuelven los fantasmas de las chuzadas ilegales.

Ñapa: Si conocías esta jerigonza adivino estarás preso hasta el 30 de mayo por lo menos.